Antes de verlo me sacudí el saco, inconsciente pero mecánicamente
casi como si limpiara la evidencia de mi ropa.
Ni bien abrí la puerta él estaba ahí, esperándome
como siempre feliz.
Me había olvidado ya de lo que había pasado
horas atrás pero ni bien me acerqué para besarlo,
comenzó a olerme muy rápidamente, su corazón
se aceleraba junto con su forma de respirarme.
Entonces recordé y, aunque él nunca me lo dijo,
pude sentir como cada pelo suyo sabía
que ese olor no era familiar, yo olía a traición.
Pero él no es rencoroso, es más él no sabe
que es el rencor, el odio, la traición, el ego.
Se acercó nuevamente a mí
sin querer nada, solo estar a mi lado y pude
besarlo por fin. Lo toqué, le dije
cuanto lo quería y me condujo a su cama.
Una vez ahí cerramos los ojos, él
no sé, pero yo sin recordar exactamente ese
sueño en especial, puedo asegurar que
soñé lo de siempre: con él.
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