jueves, 2 de junio de 2011

De espaldas



Por un momento pensé que era él,
haciendo ritmos de percusión
incesantes, penetrantes, fuertes y repetitivos.
Luego respiré muy profundo una, dos hasta tres veces.
Callé cada parte consciente de mi que podía
hacer cualquier ruido para darme cuenta
que el temblor estaba adentro mío. Era mi corazón.
Movía la cama, la hacía temblar y con ella a mí.
Se me aceleraba la respiración, sin darme yo cuenta.
Le toqué el hombro, me miró, respiré profundo por última vez
para luego pararme e ir al baño.

Caminar me hace bien.

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