domingo, 31 de julio de 2011

Náuseas

Tengo náuseas y no puedo explicar
 claramente cómo me siento.
 Mil preguntas se vienen a mi cabeza 
¿Cómo así llegué hasta este punto?
 ¿Qué pasó? 
¿En qué momento perdí 
las ganas de vivir y ser feliz?
Ayer no me sentía bien.
Me senté y miré a todos
lados, no podía
dejar de pensar en él.
¿Qué estará haciendo?
¿Estará tan mal como
yo lo estoy?
Quisiera darle un abrazo
y que no sepa que soy yo
la que se lo di.
Quisiera ser
invisible sólo para
verlo y acompañarlo.
Quisiera que lea esto
y sepa que estoy
muriendo.

Lo extraño.







miércoles, 27 de julio de 2011

Mi dedo índice

En medio de viejas canciones,
te busco, lo busco.
Me doy cuenta que, ya nada
es igual, algo me pasa.
Es cierto, no lo sé
y una vez más, 
ingenuamente, me 
pregunto
¿Qué es?

Y me parece 
curioso como todos
siempre buscan culpables
cuando algo anda mal.
Todos quieren señalar, 
acusar, dirigir su sucio
dedo índice hacia alguien.
Pero un momento... 
eso es precisamente
lo que hago yo,
sí,
pero conmigo misma.
A veces creo que es peor, 
porque no sólo caigo en lo 
que más repudio, si no, que
además yo sé que podría
cambiar, ser diferente.

No quiero señalarme más.

viernes, 22 de julio de 2011

No puedo terminar la canción

Viví en ti mucho tiempo.
A través de tus ventanas,
vi el mundo desde otra
perspectiva y con ella,
aprendí mucho.
En invierno siempre
me abrazabas.
Cuidaste de mí.

Pero, ya no te siento
mía, casa.
Ya no me siento igual 
entre tus paredes y puertas.
Me encierras, me acorralas.
¿O tal vez soy yo la 
que me encierro y acorralo a mí misma? 
de todas maneras nunca lo sabré,
si es que no salgo
de ti.

Siento un nudo en mi garganta y en mi
estómago
¿Nervios? ¿emoción? ¿dolor? 
Yo creo que es un poco de todo. 
No quiero pensar, pero ellos vienen
a mí. Me hacen sentir culpable.
Yo sólo quiero que estés en paz.
No importa si yo jamás lo estaré.

miércoles, 15 de junio de 2011

alivio seGundario

Mis cuerdas vocales se esforzaron
demasiado por darle a mi cabeza un fuerte respiro.
Gritaron en medio de un conjunto de voces, 
que eran las mías y las callaron súbitamente.
¿Era eso lo que necesitaba?
¿Era eso lo que anudaba mi estómago
y lo retorcía con mucha fuerza?
¿Un simple grito?
Necesité un segundo, 
sólo UNO
para responderme.

No,
eso no era.

Si bien es cierto que había
calmado una parte mía que desde
hace tiempo necesitaba gritar, no era
eso por lo que no podía dormir todas las noches,
por lo que tenía pesadillas, 
por lo que tenía miedo a que me amen
y a amar, por lo que no quería ser vista (realmente)
y ver de verdad.
Al menos he tachado una de las infinitas
razones de mi lista, pero aún sigo buscando. 



sábado, 11 de junio de 2011

Ayer





Estábamos muy cerca,

tan cerca que ya no inhalaba oxígeno
y exhalaba dióxido de carbono.
Te inhalaba a ti y te exhalaba a ti.
Por un momento pensé que hoy
por fin sería el día, el día en el
que no tendría miedo, en el que 
podría sacarme la ropa, los pensamientos inútiles
y la placa dental.
Por un segundo sentí algo familiar 
y a la vez algo nuevo,
algo pasado y algo presente.
Pero ni lo familiar ni lo nuevo,
ni lo pasado ni lo presente
fueron suficientes para
calmar mi miedo.
Te di la espalda (una vez más)
y ya era presa de la ansiedad.
Las gotas de agua que caían de 
mis ojos, eran gruesas y pesadas,
y sabían muy mal.
Sin quererlo, caí en lo mismo
así como sin quererlo por un 
momento no lo hice.

¿O tal vez sí quería?




viernes, 3 de junio de 2011

Mandrill



Antes de verlo me sacudí el saco, inconsciente pero mecánicamente 
casi como si limpiara la evidencia de mi ropa.
Ni bien abrí la puerta él estaba ahí, esperándome
como siempre feliz.
Me había olvidado ya de lo que había pasado
horas atrás pero ni bien me acerqué para besarlo, 
comenzó a olerme muy rápidamente, su corazón
se aceleraba junto con su forma de respirarme.
Entonces recordé y, aunque él nunca me lo dijo, 
pude sentir como cada pelo suyo sabía 
que ese olor no era familiar, yo olía a traición.
Pero él no es rencoroso, es más él no sabe
que es el rencor, el odio, la traición, el ego.
Se acercó nuevamente a mí
sin querer nada, solo estar a mi lado y pude 
besarlo por fin. Lo toqué, le dije
cuanto lo quería y me condujo a su cama.
Una vez ahí cerramos los ojos, él
no sé, pero yo sin recordar exactamente ese
sueño en especial, puedo asegurar que
soñé lo de siempre: con él.









jueves, 2 de junio de 2011

De espaldas



Por un momento pensé que era él,
haciendo ritmos de percusión
incesantes, penetrantes, fuertes y repetitivos.
Luego respiré muy profundo una, dos hasta tres veces.
Callé cada parte consciente de mi que podía
hacer cualquier ruido para darme cuenta
que el temblor estaba adentro mío. Era mi corazón.
Movía la cama, la hacía temblar y con ella a mí.
Se me aceleraba la respiración, sin darme yo cuenta.
Le toqué el hombro, me miró, respiré profundo por última vez
para luego pararme e ir al baño.

Caminar me hace bien.