tan cerca que ya no inhalaba oxígeno
y exhalaba dióxido de carbono.
Por un momento pensé que hoy
por fin sería el día, el día en el
que no tendría miedo, en el que
podría sacarme la ropa, los pensamientos inútiles
y la placa dental.
Por un segundo sentí algo familiar
y a la vez algo nuevo,
algo pasado y algo presente.
Pero ni lo familiar ni lo nuevo,
ni lo pasado ni lo presente
fueron suficientes para
calmar mi miedo.
Te di la espalda (una vez más)
y ya era presa de la ansiedad.
Las gotas de agua que caían de
mis ojos, eran gruesas y pesadas,
y sabían muy mal.
Sin quererlo, caí en lo mismo
así como sin quererlo por un
momento no lo hice.
¿O tal vez sí quería?

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