sábado, 11 de junio de 2011

Ayer





Estábamos muy cerca,

tan cerca que ya no inhalaba oxígeno
y exhalaba dióxido de carbono.
Te inhalaba a ti y te exhalaba a ti.
Por un momento pensé que hoy
por fin sería el día, el día en el
que no tendría miedo, en el que 
podría sacarme la ropa, los pensamientos inútiles
y la placa dental.
Por un segundo sentí algo familiar 
y a la vez algo nuevo,
algo pasado y algo presente.
Pero ni lo familiar ni lo nuevo,
ni lo pasado ni lo presente
fueron suficientes para
calmar mi miedo.
Te di la espalda (una vez más)
y ya era presa de la ansiedad.
Las gotas de agua que caían de 
mis ojos, eran gruesas y pesadas,
y sabían muy mal.
Sin quererlo, caí en lo mismo
así como sin quererlo por un 
momento no lo hice.

¿O tal vez sí quería?




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